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En manos del alfarero

29/01


“Como el barro en manos del alfarero, así sois vosotros en mis manos, dice Jehová.” (Jeremías 18:6) Dios llevó a Jeremías a un lugar sencillo: la casa del alfarero. Allí n o hubo discursos largos ni señales sobrenaturales; hubo barro, una rueda girando y manos trabajando con paciencia. En este ambiente común, Dios reveló una verdad eterna: nuestra vida esta en sus manos. El barro no se trabaja sino en una rueda, con movimiento constante y presión precisa. Así también nosotros. Hay temporadas en las que todo parece girar sin control, donde la presión es intensa y el proceso incómodo. Pero si estas en la rueda, es porque el alfarero aun está trabajando contigo. A veces el vaso se echa a perder, fallamos, nos quebramos, toamos malas decisiones. Sin embargo, la escritura es clara: el barro se dañó en manos del alfarero. Eso significa que ni tu error ni tu debilidad te han sacado del control de Dios. El no desecha el barro, lo vuelve a trabajar. El alfarero no cambia el barro, cambia la forma. Tu esencia sigue siendo valiosa aunque el diseño necesite ajustes. Lo que hoy parece retraso Dios lo usa como preparación. Lo que tu ves como un final, el lo ve como una nueva oportunidad. Mientras el barro solo siente la presión, el alfarero ve el vaso terminado. El conoce el propósito final y sabe cuanta presión aplicar y cuándo detener la rueda, sus manos son firmes y su corazón es perfecto. No resistas el proceso, confía en las manos del alfarero y entrégale aquellas áreas de tu vida que necesitan ser rehechas por Dios.

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