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No pierdas el enfoque

29/01


“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41) Jesús no les dijo “Oremos cuando se sientan inspirados”…les dijo “Velad”. Velar es vigilar, estar atentos, discernir porque hay batallas que no se pierden por falta de amor a Dios, sino por falta de vigilancia. El espíritu quiere, si…pero la carne es débil, y la debilidad ama distracciones. La distracción es el ladrón invisible del altar porque te roba lo único que el altar necesita para sostener el fuego: presencia consciente. El altar no funciona con un corazón a medias. Tu puedes estar orando con la boca y estar lejos con la mente. Puedes estar leyendo con los ojos y estar lejos con el deseo. Puedes estar sirviendo con el cuerpo y estar lejos con el espíritu. La distracción no parece demonio, pero trabaja “como un ladrón” no entra con gritos, entra con “cositas”. No te dice: Deja a Cristo, te dice: “después” No te dice: No ores; te dice “ora rápido”. No te dice: No leas la Biblia; te dice “lee mañana” Y cuando quieres darte cuenta, el altar quedó sin fuego, la mente sin claridad y el Espíritu sin fuerza… no por un pecado escandaloso, sino por un robo constante de enfoque. La distracción no siempre viene en forma de pecado obvio. A veces es fatiga, a veces sobrecarga, exceso de información, ansiedad, conversaciones innecesarias, las redes sociales, etc. El enemigo no siempre necesita que caigas; le basta con que no te enfoques, porque un creyente distraído es un creyente que no profundiza, no discierne y por lo tanto no permanece. En Getsemaní Cristo no humilla a sus discípulos, pero si los confronta: ¿No habéis podido velar conmigo una hora? La batalla era intensa, y la distracción los dejó desconectados por eso es que luego en la presión huyeron y abandonaron al maestro dejándolo solo. Las distracciones no te roban la fe, te roban el enfoque

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