Cisternas rotas
29/01
“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Jeremía 2:13 Dios no acusa a su pueblo por sed, sino por haber elegido mal donde beber. El problema no fue la falta de agua, sino el abandono de la fuente. Hay un gran peligro en abandonar la fuente. Dios no es una cisterna: El es fuente viva, inagotable y constante. Cuando el corazón deja la fuente, no queda vacío…queda mal dirigido. No nos secamos porque Dios falte, sino porque lo dejamos. Otro gran peligro es el engaño de las cisternas humanas. Las cisternas representan sustitutos: éxito, religión sin relación, personas, control propio. Parecen seguras, pero están agrietadas; prometen saciar, pero solo almacenan desilusión. Todo lo que no fluye de Dios, tarde o temprano termina “filtrándose” por algún lado. Además de todo esto, existe el peligro de cansancio por cavar lo que no sacia. Cavar cisternas requiere esfuerzo, pero nunca descanso. El alma se fatiga intentando sostener lo que no fue diseñado para llenar el corazón. Trabajamos mucho para obtener poco cuando dejamos la fuente eterna. Dios hoy nos llama al arrepentimiento y a regresar a él. Dios no destruye al sediento, lo invita a volver. La fuente sigue abierta, esperando corazones que dejen de cavar y empiecen a beber. Mientras sigamos confiando en cisternas rotas, viviremos con sed espiritual. Pero cuando regresamos a la fuente el alma vuelve a florecer. No cambies la Fuente por recipientes rotos. Vuelve a beber de Dios.
